¿Que espacio gana Chile si Michelle Bachelet dirige la ONU?

Por Hugo Calderón M.

El contexto actual requiere virar hacia un sistema internacional de representación más multipolar. Se abre, por tanto, una ventana de oportunidad para países medianos, estables y con credibilidad normativa. Eso ocurre porque, cuando las grandes potencias se anulan mutuamente, los Estados medianos pueden ganar espacio como articuladores, negociadores y productores de consensos. Y Chile no será por cierto el país que “decida” la reforma de la ONU, pero a través de Michelle Bachelet puede sumarse como un actor tipo bisagra en esta nueva articulación, y desde esta posición defender algunas prioridades de nuestra política exterior ,como la autonomía frente a las grandes potencias.

¿Por qué Chile puede jugar un rol en un mundo menos unipolar?

El orden internacional ya no puede seguir reflejando el reparto de poder de 1945 porque el centro de gravedad económico y político se ha desplazado y seguirá desplazándose hacia Asia. La adopción del Pact for the Future en la ONU en septiembre de 2024 va precisamente en esa dirección: reconoce que las instituciones internacionales deben adaptarse a un mundo distinto del que les dió origen, e incluye compromisos sobre reforma del Consejo de Seguridad, financiación del desarrollo, cooperación digital y representación de regiones históricamente subrepresentadas.

En ese nuevo marco, Chile encaja muy bien por tres razones. Primero, porque ha defendido explícitamente el multilateralismo, el derecho internacional y una reforma de las instituciones internacionales, incluido el Consejo de Seguridad. Segundo, porque su diplomacia necesita encontrar una mayor autonomía estratégica, es decir, diversificar vínculos sin quedar absorbida por una sola potencia. Tercero, porque combina identidad latinoamericana con vocación transpacífica, algo especialmente valioso en un siglo donde Asia es cada vez más importante.

En el “siglo del Pacífico”, la relevancia de Chile no proviene por cierto ni de su poder militar ni de su tamaño económico, sino de su posición funcional: puede servir como puente entre América del Sur, el Asia-Pacífico y la agenda normativa global.

Una base real de la presencia de Chile en la ONU:legitimidad, consistencia y capacidad de coalición

Para evaluar el posible papel de Chile en la reforma de la ONU, conviene distinguir entre poder duro y poder institucional. Chile tiene capacidades limitadas en el primer plano, pero no es irrelevante en el segundo.

a) Credibilidad normativa

Chile ha reiterado su apego a la Carta de la ONU, al derecho internacional, a la solución pacífica de controversias y a la necesidad de una reforma urgente del Consejo de Seguridad. Además, en su cooperación con el sistema de la ONU ha subrayado su compromiso con el multilateralismo, la democracia, los derechos humanos y la Agenda 2030.

Eso importa mucho pues en la reforma de la ONU, los países que tienen mayor capacidad de persuasión no siempre son los más poderosos, sino los que pueden presentarse como defensores coherentes de reglas universales y no simplemente como buscadores de ventajas nacionales.

b) Experiencia institucional

Chile ha desempeñado funciones relevantes en órganos del sistema multilateral. El propio Ministerio de Relaciones Exteriores destacó la presidencia chilena del ECOSOC y la utilización de ese espacio para impulsar temas como niñez, igualdad de género, pueblos indígenas, innovación y la triple crisis ambiental. También señaló su actuación en el Consejo de Derechos Humanos y la presentación de una nueva candidatura para 2026–2028.

Esa trayectoria le da a Chile algo muy valioso y que posee especialmente Michelle Bachelet: conocimiento procedimental, redes diplomáticas y reputación como actor serio en foros multilaterales. La reforma de la ONU no se mueve solo con grandes discursos; se mueve con textos, procesos, alianzas cruzadas y perseverancia técnica.

c) Capacidad de coalición regional y temática

Chile no puede por cierto, imponer una reforma, pero sí puede tejer coaliciones. Lo ha hecho en espacios latinoamericanos, en negociaciones sobre el Pacto para el Futuro y en agendas transversales como género, democracia, derechos humanos, pueblos indígenas y clima. La Cancillería chilena ha insistido en que el Pacto del Futuro debía restaurar la confianza en el sistema multilateral y corregir las inequidades de la gobernanza global.

El papel específico de Chile en la reforma del Consejo de Seguridad

Éste es el núcleo más visible del debate sobre reforma de la ONU. Y también el más difícil.

La ONU reconoce que continúan las negociaciones intergubernamentales sobre la reforma del Consejo de Seguridad, y el marco surgido del Pact for the Future elevó el nivel de compromiso político con una representación más justa, especialmente para regiones históricamente subrepresentadas. Chile, por su parte, ha pedido explícitamente una reforma urgente del Consejo para que pueda resguardar adecuadamente la paz y la seguridad internacionales.

¿Qué podría hacer Chile de manera realista?

1) Defender principios de reforma con legitimidad latinoamericana

Chile puede impulsar una posición que combine:

mayor representatividad regional;
límites al bloqueo político del Consejo;
mayor rendición de cuentas frente a la Asamblea General;
y procedimientos más transparentes en crisis humanitarias o conflictos prolongados.

2) Ayudar a articular una voz sudamericana y latinoamericana menos fragmentada

América Latina ha sufrido históricamente un problema de dispersión en este debate: comparte el diagnóstico sobre subrepresentación, pero no siempre coincide en la fórmula. Chile podría contribuir a construir una posición regional funcional, aunque no perfecta, centrada en eficacia, democratización y voz regional. Su perfil moderado y negociador lo hace más apto para eso que países con diplomacias más polarizadas.

3) Empujar una agenda de “reforma útil”, no solo “reforma simbólica”

Uno de los errores frecuentes en este debate es concentrarse únicamente en quién obtiene asiento y olvidar cómo funciona el órgano. Chile podría ser especialmente útil defendiendo reformas procedimentales: uso del veto, mecanismos de seguimiento, interacción con la Asamblea General, prevención temprana y nexos entre seguridad, desarrollo y derechos humanos. Eso encaja mejor con su perfil y con su tradición diplomática que una política de poder desnudo.

Chile podría influir en la gobernanza global.

El nuevo contexto geopolítico exige reformar la gobernanza mundial en sentido amplio. Ahí, Chile puede ser jugar un rol mayor que en la cuestión estrictamente securitaria.

a) Gobernanza financiera internacional

Chile ha dicho expresamente que la reforma debe incluir no solo el Consejo de Seguridad, sino también la institucionalidad económica surgida de Bretton Woods, y ha abogado por una mayor democratización de estos organismos para reflejar la realidad actual. El Pact for the Future también incluye compromisos para mejorar la voz de los países en desarrollo en las instituciones financieras, movilizar financiación sostenible y reformar aspectos de la arquitectura de deuda.

Éste es un punto central. Si el “siglo del Pacífico” redefine el peso económico mundial, la reforma de la ONU quedará incompleta sin una reforma paralela de la gobernanza económica global. Chile puede jugar un papel intelectual y diplomático importante aquí porque conoce simultáneamente:

la lógica de los mercados,
las vulnerabilidades de países de ingreso medio,
y los desafíos de transición verde, minerales críticos y desarrollo productivo.

En otras palabras, Chile puede ayudar a vincular la reforma institucional con un tema decisivo: cómo se financia un orden internacional más justo.

b) Clima, océanos y transición ecológica

La Cancillería chilena ha colocado la triple crisis ambiental entre sus prioridades multilaterales, y el marco ONU-Chile para 2023–2026 incluye prosperidad con equidad frente a esa triple crisis.

Aquí Chile tiene una ventaja comparativa clara. No es solo un demandante de acción climática; puede presentarse como país relevante para la transición energética y la protección oceánica. En la práctica, eso le permite proponer que la reforma de la gobernanza global incorpore más firmemente:

seguridad climática,
resiliencia,
minerales críticos y cadenas de valor sostenibles,
y protección de bienes públicos globales.

Esta puede ser la principal contribución chilena a la reforma del sistema multilateral: empujar una definición de seguridad internacional que ya no se limite a guerra y paz, sino que incorpore clima, agua, energía, tecnología y cohesión social.

c) Derechos humanos, igualdad de género y enfoque feminista

Chile ha destacado su política exterior feminista y su voluntad de insertar igualdad de género y derechos humanos en las negociaciones multilaterales; además, subrayó su actuación en el Consejo de Derechos Humanos con iniciativas sobre igualdad de género, protección de las mujeres y situaciones de derechos humanos.

Éste es otro activo diferencial que no debería dejarse de lado por la diplomacia del nuevo gobierno. En un mundo de competencia estratégica creciente, muchos Estados hablarán de reforma de la ONU en términos de poder y representación. Chile puede insistir en que la legitimidad del nuevo orden también dependerá de qué valores organiza. Ese aporte no es decorativo: es una manera de evitar que la multipolaridad derive en simple reparto de poder entre grandes Estados.

El valor geopolítico singular de Chile: país sudamericano con vocación transpacífica

Si el siglo XXI es más asiático, entonces América del Sur necesita países capaces de relacionarse con Asia sin romper sus anclajes occidentales ni renunciar a la legalidad internacional. Chile, por su ubicación, trayectoria económica y cultura diplomática, puede intentar ocupar ese lugar de intermediario confiable.

No se trata de “elegir entre China y EEUU”, sino de mostrar que un país mediano puede:

ampliar vínculos con Asia,
sostener la centralidad de la ONU,
y defender reglas universales al mismo tiempo.

La propia Cancillería ha insistido en la diversificación de alianzas y en una mayor autonomía estratégica, y ha presentado el multilateralismo como principio fundamental en un mundo más polarizado.

Este es el mejor posicionamiento posible para Chile. No un alineamiento rígido, sino una diplomacia de puente. En la reforma de la ONU, ese perfil puede ser muy útil porque reduce la desconfianza: Chile no aparece como representante directo de un gran bloque geopolítico, sino como país con interés en reglas estables y cooperación efectiva.

Los límites reales de Chile

a) Fragmentación latinoamericana

Chile puede promover consensos regionales, pero América Latina y Sudamérica arrastran divisiones políticas que dificultan posiciones comunes sostenidas. Incluso cuando existe coincidencia retórica sobre reforma, no siempre hay acuerdo sobre prioridades, candidaturas o estrategias. Esto reduce el peso efectivo regional en Nueva York. La propia Cancillería chilena reconoce tanto una agenda positiva sudamericana como “limitaciones relevantes” en el entorno regional.

b) Capacidad material limitada

Chile tiene prestigio, pero no dispone del peso estructural de India, Brasil, Alemania o Japón para condicionar la negociación de la reforma del Consejo de Seguridad. Por eso su influencia dependerá de coaliciones, no de masa crítica propia.

En síntesis:

El papel posible de Chile en la reforma de la ONU es -primero no quedar fuera de ese proceso- para luego ser un actor y un arquitecto parcial de legitimidad y puente de consensos. La reforma del sistema internacional dependerá cada vez más de países capaces de unir regiones, agendas y lenguajes políticos distintos. Chile puede ser uno de ellos.

Pero para lograrlo necesita evitar dos errores: tomar una opción ideológica a favor de una potencia en particular, y quedar atrapado en la fragmentación regional latinoamericana. Si consigue combinar coaliciones regionales, agenda transpacífica, defensa del derecho internacional y propuestas concretas sobre financiación, clima, tecnología y reforma institucional, entonces sí podría desempeñar un papel bastante más importante de lo que su tamaño sugeriría. La presencia de Michelle Bachelet en la secretaría general es una ocasión verdaderamente única para defender mejor los intereses de Chile y participar en los destinos de esa organización, y por tanto del mundo.

Hugo Calderón M.

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