La reconstrucción de la izquierda dependerá de frente a cuál Kast estemos

Por Gaspar Hübner González.

por Gaspar Hübner González.

El doctor en Sociología y premio nacional de Humanidades, Manuel Antonio Garretón (Santiago, 1943), cree que proyectar el rearme de las izquierdas y el progresismo chilenos es tarea prioritaria de cara a la contundente derrota sufrida en la pasada segunda vuelta presidencial.

En su casa en La Reina, y con su habitual mirada crítica que lo hizo —desde sus escritos en la Flacso— uno de los principales artífices intelectuales de la renovación socialista de los años 80, plantea que el principal reto del sector es arribar a un proyecto político de largo plazo. Pero eso —advierte— “ya no puede ser puramente ideológico”. “Tiene que ir más allá y no ser solamente un conjunto de políticas públicas”, agrega.

Según Garretón, todo el arco de las izquierdas tiene las bases intelectuales y los liderazgos necesarios para enfrentar con éxito el ejercicio. Sin embargo, apunta, ello dependerá de cómo el futuro Gobierno resuelva la tensión entre su ADN autoritario, y la aparente voluntad de construir consensos amplios de largo plazo que dejó entrever José Antonio Kast en su discurso del domingo.

“Ya no hay centro político”

—La izquierda sufrió una derrota contundente. ¿En qué pie queda de cara al futuro?
—Creo que para contestar eso hay que comenzar con lo que significó el triunfo de Kast y la derecha. Lo que vi fue básicamente una profunda contradicción entre lo que es la trayectoria de Kast, su comportamiento durante el Gobierno de Boric y la campaña, en la que creo representaba dos cosas: por un lado, su ADN, en el sentido de que la actual derecha chilena nace en dictadura, es hija del voto a favor de Pinochet. En un momento fue la UDI, ahora son los republicanos.

—¿Y el otro polo de la contradicción?
—Es una derecha con una impronta autoritaria, lo que hace que su liderazgo, y también las bases, anulen los elementos democráticos. Esto me hace decir que no hay una derecha democrática en Chile, hay derechistas demócratas, pero están subsumidos en la hegemonía de una regresión conservadora y autoritaria. Pero, por otro lado, estos rasgos poco tienen que ver con el discurso de Kast de la noche del domingo. Es otro discurso. Pero no sabemos si es otro proyecto; si es uno que básicamente pretende llegar a un proyecto democrático y no de regresión autoritaria. No reconocer que hay un cambio desde esa noche en adelante sería un profundo error.

—¿Cuáles serían los ejes de ese proyecto?
—No digo que esto lo que vaya a hacer Kast. Pero creo que de alguna manera transmitió la idea constitutiva de la Concertación, la de construir un bloque mayoritario. Una mayoría social contundente y de largo plazo. Así, el discurso sobre el “gobierno de emergencia” ya es un paso hacia el discurso del domingo. La idea que ha transmitido es la de hacerse cargo de dos o tres cosas fundamentales y “para eso vamos a buscar consensos”. La pregunta es cuál de las dos cosas se va a imponer; el gran riesgo es que surja el Kast de la campaña, que yo creo que es el verdadero.

—¿Qué otros riesgos ves?
—Si la construcción de una mayoría amplia es para resolver determinados problemas, la duda está en qué pasará una vez que sean resueltos —o no—: ¿cuál será el estilo y el tipo de medidas que se usarán en reemplazo? Y en ese sentido no tiene el ADN democrático; su ADN es creer que este es un país de enemigos. Ese es el gran problema hoy día. Tengo la impresión de que será muy distinta la oposición si lo que se impone es el primer discurso, el autoritario, el agresivo, el revanchista, o el segundo discurso, el de la noche del domingo.

—Entonces, ¿qué cosas debieran hacer las fuerzas de izquierda para rearmarse?
—Partamos por un dato. Ya no hay centro político, al menos ya no juega el rol que tenía. Y partamos también por el hecho de que estamos en un país cuyo clivaje político es heredero del Sí y el No. No digo que sea lo que le importa a la gente para votar, pero el clivaje político está formado por eso. El Sí y el No, con algunos del No que emigraron hacia el Sí en el proyecto actual. Y en este clivaje, la izquierda que lideró este mundo después del estallido, hoy representa un 40% en el electorado. Es mucho. Y al frente tienes una derecha con una base de 44%. Pero lo que hay que preguntarse es ¿qué pasa con ese mundo que define al resto del electorado? Ese que vota básicamente contra la política, que —como diría Kathya Araujo— está desapegado de la sociedad y que tiene miedo; que es muy crítico de los distintos gobiernos, que siente que tiene cosas que antes no tuvo y no las quiere perder, que se siente amenazada por temas como la seguridad. Bueno, entonces ese mundo tiende a soluciones simples, y sobre todo, de rechazo. Y las soluciones simples son soluciones que tienen, diría Adorno, una componente autoritaria. Porque no consideran los matices de la vida, lo que ocurre en la sociedad, hay simplemente un sí y un no, buenos y malos. Y eso es propio de una personalidad autoritaria.

—O sea, ¿tú no ves que haya sido una derrota humillante?
—Esa noche del domingo, ¿Jeanette Jara parecía una persona humillada? No. Para nada. Si uno ve su discurso, reconoce que fue una gran derrota, pero estuvo mostrando un futuro; reconoce los problemas existentes y representa ese 40% que votó por una candidata comunista, que aglutinaba al conjunto de la izquierda. Eso es mucho pensando en la historia de Chile.

—¿Por eso su llamado a preservar la unidad?
—Lo que ella de alguna manera convoca es a mantener esta coalición. Mi análisis previo era que, bajo del 40%, lo más probable es que se la coalición se deshiciera, porque cada uno iba a buscar cómo insertarse en esa situación tan minoritaria.

“Es clave que haya una evolución del PC”

—¿Y en qué debieran centrarse las izquierdas en este proceso de rearme?
—Está el otro componente, el de la gente que dice “yo no creo en los políticos, no creo en la política”. Esto es la pérdida del lazo social, la pérdida de una cosa que era fundamental en la sociedad chilena: la vinculación entre lo personal y lo político. Eso que se expresaba a través de partidos ideologizados y movimientos sociales que estaban vinculados a partidos. Eso se ha roto hoy día. Y a su vez la ciudadanía también ha dejado de ser ciudadanía en el sentido clásico, porque no se vincula con la polis. No se vincula y tiende al rechazo. Rechaza al Estado y le reclama que, por favor, resuelva el problema “x”. Entonces, ese mundo es oscilante. Si Kast llegara a tener éxito en lo que propone, entonces pueden surgir otras demandas. Y quizás vuelva la demanda por la igualdad y el rechazo a los abusos como en el estallido. Puede ser que ese mundo cambie y se vaya hacia la izquierda.

—¿Cuáles debieran ser entonces los énfasis para reconstruirse como actor político?
—Creo que a toda costa hay que mantener la coalición. Esta es una coalición que obtuvo un 40% y la única vez que la izquierda como tal, sola, no como centroizquierda, ha obtenido un porcentaje similar fue con el Gobierno de Allende. Esto obliga a pensar en una nueva izquierda. No una izquierda que se agrega a esta, no. Se trata de que la izquierda entera sea una nueva izquierda. Hasta ahora, ha habido una nueva izquierda que era bastante amplia. Y después estaban las izquierdas más tradicionales, con vertientes más socialdemócratas y vertientes más radicales —si se quiere— como era el Partido Comunista.

—¿Avanzar en esta línea también debiera incluir al PC?
—Es clave que haya una evolución del Partido Comunista hacia lo que, por ejemplo, significó el eurocomunismo en su minuto. No tiene mucho sentido seguir diciendo que se es marxista-leninista. Yo no sé si Jeanette Jara es marxista-leninista. Entonces, es necesario hablar otro lenguaje. Desde la tradición, por supuesto, pero es necesario repensar y yo diría que si la corriente de Jara se hace más hegemónica en el PC vamos a tener una coalición de partidos más fuertes.

—¿Qué rol deberían jugar las izquierdas como oposición?
—La reconstrucción de un proyecto de izquierda va a depender también si estamos frente al Kast y la derecha de la campaña o al Kast del discurso del domingo. Porque al Kast del discurso usted puede oponer políticas, distintas políticas. Pero si esas políticas obedecen al ADN de regresión y autoritarismo, entonces se va a imponer otro tipo de oposición. Y para hacerlo tiene que hablar un nuevo lenguaje. Hay que reorganizarla y no puede haber diferencias radicales; diferencias por ejemplo respecto al régimen político, a la democracia, al hecho de que no es posible hacer revoluciones democráticas si no se cuenta con la mayoría de la población y con el respeto de las minorías.

—¿Este proceso de rearme debiera avanzar hacia la construcción de un nuevo proyecto?
—Lo segundo que hay que pensar es en un nuevo proyecto de izquierda. Pero aquí hay que entender las dificultades. Hoy es extremadamente más complejo un proyecto de izquierda que dé esperanza y resuelva los problemas que de la gente. La izquierda tiene que pensar en un proyecto a partir del hecho de que la sociedad ya no se estructura del mismo modo; en el sentido de que la izquierda ya no se estructura en torno al trabajo industrial, a una clase que se enfrenta a un Estado que hay que conquistar a través de la organización del mundo popular. Además, la izquierda siempre tuvo un problema en relación a lo que se llamaba la clase media. Ese es un mundo que ha desaparecido y yo me atrevería a decir que el concepto de clase —que tiene un componente que todavía es necesario considerar— no puede dar cuenta de todo. Tampoco lo da el concepto de pueblo. Tenemos un pueblo muy fragmentado, compuesto de muy distintos sectores, fracciones y con intereses distintos y a veces contradictorios.

—Hacerse cargo de los nuevos te- mas que hoy están marcando a la sociedad.
—Y tenemos temas absolutamente nuevos que no se han sabido incorporar en un proyecto político, como la crisis climática, pero que a su vez resuelva problemas de igualdad, de crecimiento económico para una mejor distribución. ¿Qué pasa con un mundo controlado férreamente por los grandes poderes económicos, con la capacidad del manejo de la voluntad de la gente a través del mundo digital, la inteligencia artificial y todo eso? ¿Cuál es el proyecto contra eso? ¿Qué significa en este contexto superar el capitalismo? La política ya no puede ser la pura política tradicional. Los partidos no pueden ser los mismos. Hay gente como Juan Pablo Luna que prevé la muerte de los partidos políticos. Si es así, ¿dónde va a quedar la representación?

—Tú fuiste un referente en el proceso de reflexión de la renovación socialista. ¿Ves algo que algo similar esté en condiciones de generar ese debate, asu- mir esas complejidades y proponer caminos?
—Antes de que existiera la renova- ción socialista estaban los intelectuales. Aquí hay gente a nivel intelectual, están los centros de pensamiento de izquierda —demasiado ligados a los partidos quizás—, pero ahí se ha estado produciendo algo que es bien importante: una cierta convergencia, una tarea común de ir construyendo una infraestructura y un recorrido. También están los partidos y hay que pensar sin duda en el mundo del ciudadano común y corriente. ¿Qué es lo que haría yo? Creo que hay que convocar a un proceso largo de estados generales. En el sentido largo de convocar al mundo intelectual, político y social. Además, tenemos la ventaja de que no habrá elecciones en los próximos años.

¡Súmate a La Casa Común!

Ayúdanos a construir un Chile más justo, digno e inclusivo. Con tu aporte, impulsamos un cambio real.